¿Puede el misterio del amor romántico ser estudiado científicamente?

El amor romántico se ha considerado siempre un misterio que no se puede estudiar de un modo científico. Es decir, filósofos y científicos sociales han pensado que el amor romántico está fuera del ámbito de la ciencia y que ni sabemos ni podemos saber de cierto qué es, ni cómo funciona. Cómo comienza, cómo se fortalece, cómo se debilita y cómo termina son preguntas cuyas respuestas parecen escaparse del estudio sistemático. Lo único que sabemos es que existe, que tiene una posición de mando sobre gran parte de nuestra vida y que es esencial para nuestra felicidad. Es paradójico y decepcionante que durante tanto tiempo la ciencia se haya declarado incompetente para iluminar un fenómeno tan universal y central en la existencia humana.

El amor es azaroso

El amor se siente muchas veces como una tormenta en el mar, que nos atrapa y no podemos escapar de ella; y otras veces como una calma extremadamente placentera que nosotros no hemos buscado y no sabemos cómo nos topamos con ella. A ratos el cielo, a ratos un purgatorio y a ratos el propio infierno.

Este carácter azaroso del amor romántico parece crear mayor inestabilidad en las personas en el momento actual, porque vivimos en una cultura que —paradójicamente, dada su poca manejabilidad— ha entronizado el amor romántico y debilitado otros vínculos emocionales en nuestro entorno familiar, educativo y laboral que antes jugaban un papel mucho más importante.

La ciencia psicológica ha descifrado el secreto del amor de pareja

Traigo al lector una muy buena noticia: hay una nueva ciencia del amor que nos puede ayudar a entender el amor romántico, su origen, su funcionamiento y su terminación. Siguiendo la clásica definición de ciencia, que es el estudio sistemático de las cosas o fenómenos por sus causas, podemos hoy sin duda afirmar que es posible conocer el amor por sus causas, de manera que podemos aprender a cultivarlo, aumentarlo conservarlo y repararlo cuando sufre daños. Mi promesa es que quienes aprendan los conceptos expuestos en este blog, y los pongan en práctica, cambiarán radicalmente su manera de entender el amor, se sentirán mucho más seguros navegando en sus aguas y dejarán de sentir el amor como algo que nos cae encima o se nos aleja caprichosamente y fuera de control. Estaremos todos de acuerdo en que, si esto es posible, la felicidad en esta vida será mucho más factible. ¡Cuánta infelicidad y cuánto dolor hemos experimentado por nuestras penas de amor! ¡Cuántas rupturas, desengaños, desilusiones y frustraciones podríamos haber evitado si nos hubieran educado en la ciencia del amor!

Hay dos ramas de la ciencia que han convergido en el desarrollo de la nueva ciencia del amor: la psicología y la neurobiología. Hablemos de la psicología.

La teoría del apego es aplicable a adultos

Ya desde mediados del siglo XX, el psicólogo inglés John Bowlby había formulado lo que se llamó la teoría del apego (attachment theory) para explicar ciertos comportamientos emocionales en los niños infantes en la relación con su madre o su cuidador principal.

Bowlby había tenido la intuición de que la teoría del apego podía aplicarse también a los adultos, pero no fue sino en los 1980s y 1990s cuando Susan Johnson desarrolló la escuela de terapia de pareja llamada Terapia Focalizada en la Emociones, conocida en inglés por sus siglas EFT (Emotionally Focused Therapy), basada en la aplicación de la teoría del apego a las relaciones adultas y, muy específicamente, a las relaciones maritales.

El experimento de “una situación extraña”

Mary Ainsworth, seguidora de Bowlby, diseñó un famoso experimento llamado “la Situación Extraña”, que ha revolucionado la psicología del desarrollo, con una gran influencia especialmente en Norteamérica. En ese experimento se creaban situaciones de laboratorio donde niños muy pequeños eran separados de sus madres de forma gradual. Luego los investigadores observaban las reacciones de los niños al ocurrir la separación, durante un período corto de separación y luego cuando la madre reaparecía. A pesar de que todos los niños lloraban y protestaban cuando se ausentaba la madre, reaccionaban de forma muy diferente a su regreso. Unos volvían a estar contentos como si nada hubiese pasado; otros seguían mostrando considerable ansiedad y temor de que la madre se ausentara de nuevo; y un tercer grupo mostraba indiferencia o rabia ante el regreso de su madre.

Este sencillo experimento validó las observaciones de Bowlby en el sentido de que los niños se apegan a su madre de manera segura o insegura, y los inseguros los hacen de manera ansiosa o de manera evasiva. Así se conforman los tres estilos básicos de apego, que también se observan en los adultos. De estas observaciones nació la tipología de estilos de apego que ha sido validada por múltiples investigaciones.

Los estilos de apego se aprenden de niño

Los niños tienen necesidad absoluta de sentirse seguros en la cercanía física y emocional de su madre o cuidador sustituto, y solo podemos ignorar este hecho a un costo incalculable para el futuro adulto. Antes de que lleguemos a tener uso de razón, aprendemos duras lecciones sobre el grado de confiabilidad de nuestros cuidadores primarios. Parece ser que los que adquieren el convencimiento de que la madre regresará —y todo seguirá igual que antes— crecen y llegan a adultos con un sentido de seguridad en el apego a las personas queridas; y así desarrollan la tendencia a confiar en que serán consolados por ellas cuando sufren cualquier tipo de estrés emocional. Pero, por otra parte, podemos aprender que ese consuelo ocurre unas veces sí y otras no, con lo cual desarrollamos una actitud escéptica que nos lleva a un estilo ansioso. Finalmente, podemos aprender que ese consuelo casi nunca ocurre, con lo cual crecemos pensando que nuestro estrés emocional no le importa a nadie y que tenemos que lidiar con él solos. En este caso, muy probablemente desarrollemos un estilo evasivo, por el cual adquirimos hábitos de no esperar consuelo de nadie, no comunicar nuestras emociones, lidiar con nuestras emociones por nosotros mismos y sentirnos incómodos cuando otros comparten las suyas con nosotros.

Traemos nuestro estilo de apego a la relación de pareja

La teoría del apego ha probado ser tremendamente útil para entender las complejidades de las relaciones maritales. Los tres tipos de apego —seguro, ansioso y evasivo— no se encuentran en la realidad en forma químicamente pura, porque, como suele decirse, cada persona es un mundo. Pero esta tipología abre un sinfín de posibilidades de mejora para las parejas. Esto ha quedado demostrado por múltiples estudios que han validado la efectividad de la metodología de terapia de pareja EFT para darle a las parejas herramientas efectivas de mejora. La gran utilidad de este modelo se hace más y más evidente a medida que profundizamos en los conceptos y prácticas que pueden ayudar efectivamente a las parejas a aprender a querer —y a dejarse querer— en beneficio de la felicidad de ambos.

Por eso existe este blog: para hacer asequible a las parejas los conceptos y prácticas derivadas de la teoría del apego, tal como la ha desarrollado la metodología EFT. Te recomendamos que descargues gratis el libro La nueva ciencia del amor: Cómo entender, cultivar y reparar la relación de pareja de Carlos Zubillaga Oropeza AQUÍ.